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Botera, crecer en la Isla Maciel

Por Agencia Télam

19-12-2019 05:45

La realizadora Sabrina Blanco debuta en el largometraje con "Botera", una ficción sobre una adolescente de la Isla Maciel que escapa a los arquetipos y debe enfrentar el descubrimiento del mundo desde su propia perspectiva, que hoy llega a cines comerciales y se verá también en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires).

Banco aseguró a Télam que en la construcción del filme arrancó por la elección de la Isla Maciel, "un barrio que está muy cerca de la ciudad, en los márgenes e invisibilizado", esa elección la llevó también a que la mayoría de los roles actorales fueran cubiertos por gente del lugar.

"Creo también que el barrio tiene algunos elementos que me resultaban muy cinematográficos: su construcción edilicia atemporal y pueblerina en contraposición a su efervescencia propia del conurbano, que esté a la vera de un río podrido, el oficio tan peculiar de los boteros. Todo construía un universo estético y narrativo que me interesaba abordar", destacó Blanco en charla con Télam hablando de los elementos que dieron vida a esta historia que se conoció en noviembre pasado en el Festival de Mar del Plata, donde se alzó con varios premios.

"Yo creo que las locaciones son muy importantes -agregó-. Los lugares cuentan cosas por sí solos, hablan, relatan, simbolizan, construyen sentidos. Son el espacio que habita el filme y todo se construye allí dentro, entre lo que se ve y lo que no se ve. Y pensar en ese barrio, y en la idea de una niña creciendo ahí, deseando un oficio modesto y propio del lugar, reservado a los hombres, cubría perfectamente la metáfora de la película.

-¿Cómo describiría las encrucijadas que atraviesa la protagonista de la película?

-La película indaga acerca del deseo y lo difícil que es para las mujeres identificar lo que realmente deseamos. Crecer implica descubrir y descubrirnos y también elegir, identificar, exponerse y eso se vuelve muy costoso cuando todo alrededor está plagado de mandatos que arrastramos históricamente. Más aún cuando hay pocas herramientas y referentes, cuando una se va haciendo un poco sola en la vida como se va haciendo Tati. Creo que la protagonista, con un pie aún en la infancia y otro en la inminente adultez va buscando su identidad de una forma errática, un poco sobre la marcha, a prueba y error, y va colocando el deseo en diferentes personas, y objetos lo que la lleva muchas veces a confundirse y a pasarla mal.

-¿Cómo fue el encuentro con Isla Maciel y que influencias ejerció en el relato?

-Al barrio empecé a ir mucho tiempo antes de filmar y fue un trabajo mutuo: el mío de ir conociéndolo de a poco más profundamente, y el de ellos de ir conociendo y aceptándome a mí también y a la idea de hacer una película. En ese camino me fui encontrando con mucha gente del mismo barrio o gente que trabaja muy responsablemente ahí que fue muy generosa con la película y que fuimos hablando mucho sobre el qué y el cómo. El barrio influyó mucho en cómo pensar la puesta en escena de la película, el punto de vista, el recorte. No se puede filmar en un espacio así sin que el espacio vaya marcando la cancha.

-¿Cómo fue el proceso de rodaje?

-Filmamos cuatro semanas de corrido con un presupuesto muy acotado. Toda la película fue rodada en Isla Maciel, tanto interiores, como exteriores. También decidimos junto a mis productoras que el diseño de producción de la película contemple a la gente del barrio.

-¿Qué decisiones estéticas primaron en el tratamiento cinematográfico?

-Lo principal fue apostar a la idea de que todas las decisiones estéticas de la película escapen al preciosismo o la estetización de la pobreza, en donde buscamos una forma personal, propia de la película, eligiendo texturas, paletas, muy propias del universo y muy únicas a la vez. Fuimos poniendo en crisis el material, buscando que la forma y el contenido encuentren una organicidad. También en la decisión de la cámara en mano, pero con una respiración sutil y los planos secuencia. Sabíamos que teníamos que tomar algunos riesgos en pos de una mirada personal, pero que esos riesgos no debían ser más protagonistas que la propia película. Así también trabajamos sobre el espacio, decidiendo muy cuidadosamente el recorte de cada lugar, ya que la Isla Maciel es un lugar estallado de información y simbolismos. Queríamos que los interiores y los exteriores empaten, para sentir que trabajando con la luz natural, la película compacte. Considero también que el casting, los rostros, los movimientos, los gestos, son una parte muy fundamental de la estética.

(Télam)