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Vivas: En el Mundial de Francia le hice un piquete de ojos a un inglés

Por Agencia Télam

03-05-2020 04:15

Deseoso de volver al ruedo en los entrenamientos que involucren su rol en el cuerpo técnico del Atlético de Madrid, Nelson David Vivas matiza las horas de cuarentena con especial énfasis en su afición por la cocina y le pone humor al anecdotario de sus tiempos de jugador de la Selección Nacional: “En el Mundial de Francia le hice un piquete de ojos al inglés (Graeme) Le Saux”.

El entrenador nicoleño se refiere al célebre partido del martes 30 de junio de 1998 en el estadio Geoffroy-Guichard de Saint Etienne, cuando al cabo de un empate de 2-2 fue el arquero Carlos Roa en la tanda de penales el que brilló y posibilitó el paso a cuartos de final, instancia en la que Argentina perdería con Países Bajos en Marsella.

En el partido contra los británicos, Vivas estableció la curiosa marca de cometer nueve infracciones sin que el árbitro danés Kim Milton Nielsen le sacara siquiera una tarjeta amarilla, pero entre todas las circunstancias que recuerda con nitidez en clave zumbona destaca la que protagonizó con Graeme Le Saux, el lateral que por entonces era figura en el Chelsea.

“No fue premeditado. Se venían por todos lados. Por mi lado venía Alan Shearer, venía Michael Owen y Le Saux se proyectaba todo el tiempo. En una de esas tantas fuimos juntos en una barrida y cuando chocamos en el suelo le metí los dedos en piquete, en los ojos, como los Tres Chiflados”, recuerda con picardía.

Relajado y optimista (“las circunstancias son estas, no puedo cambiarlas, pero sí puedo gestionar mi actitud y mi estado de ánimo”), Vivas ironizó con el hecho de que en ese Mundial, el de Francia, haya terminado por ser el jugador que cometió más foules (“soy un jugador récord, pero de un récord cuestionable, ja”) y al tiempo aceptó la propuesta de asociar otras jugadas de su larga carrera que guardaran similitud con la que protagonizó con Le Saux.

“Preferiría hablar de los mejores caños que hice en mi carrera”, bromeó el integrante del cuerpo técnico del Aleti que conduce su amigo Diego Simeone y de inmediato acudió al arcón de sus recuerdos: “Parecidas a la de Saint-Etienne, no hay, pero sí quedaron grabadas en mi memoria algunas jugadas en las que me pasé de rosca, patadas. Una, seguro, a Marcelinho Paraíba una noche que le ganamos 2-1 a Brasil en el Monumental. Otra, también en el Monumental, en un Argentina-Uruguay, al Chino Recoba. Pobre, tuvo que pedir el cambio. Y la tercera fue en diciembre de 1996 en Mar del Plata en un amistoso con Yugoslavia. Llovia mucho. Le fui de atrás a uno y me amonestaron”.

Ese episodio, el compartido con el jugador balcánico, tuvo un desenlace gracioso que así narró: “Años después con ese yugoslavo, Goran Djorovic, fuimos compañeros en el Celta de Vigo. Un día íbamos juntos en el micro y le pregunto si conoce la Argentina. Me dice ‘sí, una vez fuimos a jugar un amistoso a la ciudad de Mar del Plata, fue la única vez, no sabés, uno se me tiró de atrásÂ’. Y le digo “fui yo”. Nos reímos mucho los dos. ¡Casi le había cortado el tendón de Aquiles”.

Vivas, David para sus familiares y sus amigos, Chango para la gente cercana a Quilmes, Nelson para muchos y Claudio “para los boludos que me confunden con el técnico rosarino, ja”, refiere que en su extensa carrera de defensor que incluyó a Boca, River, Arsenal de Inglaterra, Inter de Milán y 39 partidos internacionales con la Selección, le costaba especialmente controlar “a los mediocampistas creativos en el uno contra uno, los que venían de lejos con el balón en conducción. De espaldas, para mí era mejor. O cabeceando detrás del delantero. No me gustaba enfrentar a Ryan Giggs del Manchester United y Serginho, del Milan. Y a Tití Henry lo sufría en los entrenamientos”.

A la espera de que se flexibilice la cuarentena y regresar de pleno, pero en la cancha misma, a su función de ayudante de campo de Simeone, entre otras cosas Vivas cultiva el hábito de cocinar que adquirió meses después de haber rescindido contrato con River, cuando incluso cursó un semestre de la carrera de Gastronomía.

“Se me despertó la vocación de cocinar cuando me separé. Me di cuenta de que sólo podía hacerles fideos a mis hijos. Y ahí fui probando y aprendí mucho, con paciencia, animándome. Armaba la carta del fin de semana, comida por comida, tomaba nota de los ingredientes y de la preparación, iba al supermercado y podía pasarme horas y horas cocinando”, evoca Vivas.

Considera asimismo que por ejemplo le va muy bien con la cocción del salmón al horno con guarnición de milhojas de papas y ofrece testimonio gráfico de la sorprendente variedad de sus más recientes artesanías culinarias en Madrid: risottos, costillas de cerdo, peceto con papas, tartas, tortillas, canelones, albóndigas, salsas mediterráneas, paellas, flan al caramelo.

Con sus hijos y su esposa en la Argentina (“quiero verlos, saber que están sanos, pero no desespero”), Vivas persiste en abocarse a mantener un buen estado físico (“estoy en un buen peso, 72 kilos, hago 28 kilómetros diarios de bicicleta fija”), suelta una declaración de principios de plausible vitalidad (“voy siempre para adelante, la vida es una sola y vale la pena”), para de inmediato cerrar con una tácita alusión al empeño que pone en su superación personal, pero eso sí, con un guiño de humor. “Estoy tratando de que se me recuerde por algo mejor que el amague de piña a Rivaldo, o por la piña al hincha de Quilmes, o por la camisa que rompí en el estadio de La Plata. ¡Quizás sea por mi habilidad para hacer flanes!”. (Télam)