deportes

Un siglo de pasiones

Por Agencia Télam

25-08-2020 02:15

Mixtura de hechizo, convención y comunión, el vínculo de la radio y los sucesos deportivos constituye la rica amalgama que damos en llamar la argentinidad.

En materia de nombres propios relativos a transmisiones deportivas mediante ondas electromagnéticas en la Argentina, nada mejor que "El Toro Salvaje de Las Pampas" como protagonista bautismal.

Los puñetazos al parecer gloriosos y al cabo insuficientes propinados por Luis Ángel Firpo a Jack Dempsey en el Polo Grounds de Nueva York el 14 de septiembre de 1923 llegaron a nuestro suelo vía telegráfica, retransmitidos por una voz anónima, de tono parsimonioso que fascinó al niño Julio Cortázar y selló su amor por el boxeo.

Ese sería el sesgo protocolar que perfilaría incluso los primeros relatos de partidos de fútbol en el interregno que marcó el pasaje de un amateurismo consolidado a un profesionalismo embrionario y experimental: en un ritmo si se quiere charlado, el 2 de octubre de 1924 fue transmitido el célebre partido entre Argentina y Uruguay que dio origen al llamado "gol olímpico", a guisa de un remate directo de Cesáreo Onzari, de córner, que se coló en el arco del representativo uruguayo.

La narración estuvo a cargo de Horacio Martínez Seeber (carnet número 1 del Servicio Oficial de Radiodifusión), cuyos limitados conocimientos del fútbol en tanto juego fueron compensados por las observaciones de Atilio Casime, jefe de Deportes del Diario Crítica, hasta que tres años después Radio Nacional emitió de forma completa las alternativas de Sportivo Barracas-Estudiantil Porteño, con Tito Martínez del Box y la asistencia técnica de Jaime Yankelevich.

Martínez del Box se atribuyó la condición de primer relator deportivo de la Argentina, pero del mismo modo que la invención de la radio misma es en cierta medida compartida por los pioneros James Maxwell y Heinrich Hertz, Aleksandr Popov ideó la primera antena y Guillermo Marconi formalizó las novedades a comienzos del siglo XX, una versión disidente postuló que la descripción sonora de un partido se localiza hacia 1925, con Jorge Leal por LS2 Radio Prieto, señal en la que también narraba Roque Sillitti de impecable traje blanco.

Como quiera que haya sido, la expansión artesanal entre la radio y los sucesos deportivos se operó entre finales de los años 20 (Alfredo Aróstegui con su bien ganado mote de "El relator olímpico", Horacio Besio, Félix Daniel Frascara, sigan firmas) y en el acumulado de broadcastings hasta muy avanzados los 40 con un salto exponencial sobremanera en el primer Gobierno de Juan Domingo Perón.

Según repone la leyenda, en 1930 la pelea del porteño Justo Suárez y el platense Julio Mocoroa fue transmitida desde una terraza lindera al estadio de River en Alvear y Tagle, mientras que en esa década se hizo notorio un periodista que a los 14 años había viajado a los Juegos Olímpicos de París y que quedaría en el bronce como el verdadero padre del automovilismo radial: Luis Elías Sojit, gestor del legendario "¡Coche a la vista!".

De confeso signo ideológico, orgulloso de esa condición, amigo personal del General, Sojit habría de ser proscripto en 1955 y forzado a exiliarse tres años en Brasil, pero ya había sentado sus reales, inmortalizado lo de "Un día peronista" y "Perón cumple, Evita dignifica" y junto a sus hermanos Manuel "Córner" y Boris ("Mister") abierto el camino de los grandes especialistas en carreras de autos, entre otros Alberto Hugo Cando, Ángel Remigio Abregú, Isidro González Longhi, Andrés Rouco, Eduardo González Rouco y Carlos Alberto Legnani.

Entretanto, ya había llegado a Buenos Aires y estampado su revolucionaria marca Joaquín Carballo Serantes, Fioravanti, el montevideano criado en Santa Fe, formado en los medios gráficos y tal vez por eso cultor de un lenguaje académico y florido ("el césped luce magnífico") que jalonó la alternancia en el comentario y en el relato, con páginas especialmente memorables como el lucido gol de Ernesto Grillo a Inglaterra en Monumental y la desangelada noche de José María Gatica con Ike Willams en el Madison de Nueva York.

Por irrelevante que parezca, el hecho de que el maestro Fioravanti hubiera nacido en el Uruguay invita a asociar la curiosidad de que en la Argentina ha brillado otro notable relator originarios del país hermano: Víctor Hugo Morales.

Víctor Hugo, por cierto, supone el colmo de las analogías (El Maradona de los relatores), en la medida que acopió todas y cada una de las virtudes de sus antecesores: color de voz, dicción, ritmo, humor refinado y distinguidas metáforas, grito de gol y sabrosas observaciones laterales.

Vigente aún a sus casi 73 años y asimismo vigoroso en su rol de editorialista político, Víctor Hugo, el tenor de "Barrilete cósmico, de qué planeta viniste", se radicó en la Argentina en los albores de 1981 y más temprano que tarde puso en entredicho la hegemonía de otro buque insignia, José María Muñoz, de verba tosca y estilo opuesto, más dado a las altisonancias del "¡peligro de gol!" y a la sazón un genuino animal de radio que llevó a las más altas cumbres las coberturas minuciosas.

Muñoz, el padre de las crepitantes agendas del minuto a minuto, dejó ver una fuerte impronta ubicua con los poderes de turno, espíritu castrense y abierta complacencia con la dictadura militar que asoló el país entre 1976 y 1983, pero reducirlo a esa sola condición sería de una grosera arbitrariedad.

Muñoz, "El Relator de América" o simplemente "El Gordo" en clave coloquial, supo elevar la vara de las transmisiones deportivas en años de una multitudinaria adhesión que cultivaba como verdaderos ritos sagrados escuchar "La Oral Deportiva" y tiras análogas, los partidos de fútbol, las peleas de los sábados a la noche en el Luna Park y las carreras de autos de los domingos a la mañana.

En ese contexto de cresta de la ola, en orden impreciso se desgranan unos cuantos nombres propios insignes: Damián Cané, Enzo Ardigó (y su inconfundible "evidentemente, amigos"), Bernardino Veiga (con su hábito de alargar la segunda vocal cada vez que gritaba un gol de Boca), Eugenio Ortega Moreno, Julio Ricardo, Daniel Adrián, Alfredo Curcu, Oscar Gañete Blasco, Pedro Valdez, Víctor Francis y Héctor Rombys, Juan José Lujambio, Ricardo Arias, Julio César Calvo, Dante Zavatarelli, Julio Ernesto Vila, Jorge Bullrich, Carlos Parnisari, Roberto Ayala, Néstor Ibarra, Yiyo Arangio, Juan Carlos Rousselot, Horacio García Blanco, Raúl Fernández y el erudito Ulises Barrera.

Subrayada la certeza de que el hábito de seguir los acontecimientos del deporte vía Spica, Phillips o Panasonic trascendió los límites de la porteñidad, justo será reponer, a despecho de omisiones involuntarias, la dimensión de Roberto Reyna y Héctor Vidaña en Rosario, de Pablo Zaro, Alberto Varela, Julio Barinaga y Roberto Sbarra en La Plata, de Ricardo Porta en Santa Fe, Héctor Costilla Pallares, Luis Rey en Tucumán, de Juan Carlos Morales en Mar del Plata, de Rubén Torri y Víctor Brizuela en Córdoba, de Antonio Bibiloni en Mendoza y, desde luego, de Osvaldo Wehbe, cuya reciente partida al infinito cósmico ha dejado un vacío incomensurable.

Con idéntico sentido de justicia, se impone la necesidad de remarcar el merecido pero aún insuficiente espacio ocupado por las mujeres en las transmisiones deportivas del espectro radiofónico, con el liderazgo de Viviana Vila, pionera en el comentario futbolístico y actual conductora de una tira diaria en Radio Provincia.

Cien años, una vida de transmisiones y miles de anécdotas, como por ejemplo cuando en 1970 otro incansable polifuncional de la radio, un joven Hernán Santos Nicolini compra los derechos de transmisión de la primera pelea de Carlos Monzón con Nino Benvenuti, se los ofrece a Muñoz para Radio Rivadavia y convienen que el oferente relatará los rounds pares y los impares un hombre de la casa, Osvaldo Caffarelli, considerado el Frank Sinatra de los relatores por su prodigio de voz, entonación y alegorías inolvidables.

Es cierto que en el siglo en curso las transmisiones deportivas por radio se ven cada vez más asediadas y comprimidas por el efecto de pinza de la babel televisiva, el aluvión 2.0, y que va de suyo la merma de los transistores fieles a los Alejandro Apo, Walter Saavedra, José Gabriel Carbajal, Fernando Niembro, Román Iucht, Atilio Costa Febre, Germán Sosa, Eduardo Caimi, Mariano Closs...

Pero cuidado con dar por extinguido el dichoso malentendido entre los contadores de historias en tiempo presente y los escuchas entregados a esa suerte de fascinación infantil.

A pesar de que como advertiría el gran Caffarelli, "caen los cortinados", el deporte por radio insiste y resiste.

(Télam)