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Qué difícil es creer

Por Agencia Télam

28-07-2019 10:00

La escandalosa manera en la que Andrés Merlos propició el triunfo de San Lorenzo este sábado vuelve a poner en cuestión la permanencia de un árbitro de los peores de plaza y los propios cimientos de un rol en franca crisis de idoneidad y probidad.

Si de árbitros se trata asistimos a un recambio complejo y traumático por la escasez de genuinos exponentes de un aire fresco indispensable y demorado: venimos de una Superliga, la inaugural, copiosa en páginas brumosas.

¿Qué nos han ofrecido los jueces criollos en el puñado de partidos que se han jugado entre viernes y sábado?

Qué suerte para la desgracia, exclamaba un personaje del célebre humorista Pepe Biondi.

Como para ir templando los espíritus Merlos se despachó con una perla digna de mayor relieve en su nutrido currículum: a falta de un minuto para terminar el partido San Lorenzo-Godoy Cruz imaginó una falta de Tomás Cardona en perjuicio de Gianluca Ferrari dentro del área mendocina y sellado su despropósito los locales se hicieron de la victoria.

El peor de los pecados de un árbitro: no ya no haber visto lo sucedido (pudo haber estado tapado, por ejemplo), pero sí ver lo que jamás existió.

Un penal curioso, inaudito, extraño, pero antes que eso, que sea dicho de una vez, escandaloso, por qué no sugestivo, que hubiera sido grave en cualquier caso pero invita a poner la luz con más detalle por tratarse de Merlos.

Sí, Merlos, el mismo juez que en 2014 fue suspendido por tiempo indeterminado a guisa de su escandaloso error cometido en un cotejo que Lanús le ganó a Arsenal de Sarandí.

¿Cómo justificó la sanción el máximo dirigente de OSADRA, Guillermo Marconi?

En nombre de “la credibilidad”, dijo entonces Marconi, ni más ni menos que la aureola de verosímil y ecuánime que deben de cultivar y expresar los árbitros.

Ojalá que lo que hizo Merlos el sábado a la tarde hubiera invitado a creer con firmeza en el vigoroso atenuante del mero error, que cualquiera puede cometer, puesto que humanos somos.

Pero lo de Merlos se ajustó más a los dichos del futbolista Santiago García, con un adjetivo (“vergonzoso”) y una definición igual de certera que de contundente: “es una falta de respeto, el fútbol no merece esto”.

No lo mereció Godoy Cruz, no lo merece el fútbol, pero con jueces como el incorregible Merlos tal parece los zorros están al cuidado de los gallineros. (Télam)