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Para el gran Vilas, un gran documental

Por Agencia Télam

04-11-2020 11:15

Un documental capaz de retratar la vida de Guillermo Vilas hubiera sido interesante en cualquier caso, pero el que Netflix presentó el 27 de octubre pasado excede por mucho la mera generalización y reúne todas las condiciones de una pieza de antología.

El periodista Eduardo Puppo es el ideólogo, inspirador y gestor de esta obra que supera con holgura cualquier otro emprendimiento biográfico destinado a una gloria del deporte argentino.

Formado en las arenas del rigor y de las obsesiones cobijadas por la bandera de la causa superior, Puppo se nutrió y nutrió la quintaesencia del documental con la no siempre venturosa amalgama de las técnicas de investigación y la ponderación del personaje de marras.

Por lo contrario, antes que un obstáculo su admiración por Vilas supuso un plus de dedicación, agudeza, perseverancia y acopios de un valor extraordinario.

De lo otro, de los secretos de la edición, del montaje y de los detalles de terminación se encargó el director Matías Gueilburt.

¿Cuáles son los dos o tres ingredientes básicos a los que nos remite Guillermo Vilas?

Que dedicó su vida al tenis profesional, que fue uno de los colosos de su tiempo y que por causas jamás esclarecidas la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) declinó y declina reconocerlo como número 1: ni un año, ni un mes, ni un día.

De todo eso se encarga el documental en el hilván de materiales inéditos, en muchos casos ofrecidos por el propio Vilas, en otros de fuentes variopintas, y siempre al servicio de un doble anclaje: el explícito de la travesía del zurdo marplatense y el implícito del sinsabor crónico de no saberse reconocida en su justa dimensión.

Sin riesgos de pisar el palito del “spoiler”, por cuanto no se alude aquí a una película o una serie de suspenso en la que el asesino puede ser el mayordomo o el personaje más afable, y por afable, más insospechado, es legítimo celebrar que en gran medida la cruzada de Puppo haya llegado a buen puerto: con la ayuda de un matemático rumano desnudó los groseros vacíos y vicios de la ATP y la supina injusticia de no haber dado a cada quien lo suyo.

Eso sí, con el pasmoso añadido de que, contra lo que ha pulsado y pulsa en el imaginario, no fue la temporada de 1977 la que mereció honrar a Vilas con el número 1 sino una de las anteriores.

Este notable trabajo lleva por título “Serás lo que debas ser o no serás nada”, una referencia de estricto cuño sanmartiniano que se corresponde con el caudaloso motor que el padre de Willy desató cuando le regaló una raqueta.

Siete años tenía el guerrero crack del passing shot y veintiséis cuando el ingeniero Vilas asistió a su coronación en el Abierto de Australia, se dio por dichoso y se juró que nunca más vería su hijo impactar la pelota amarilla.

He ahí uno de los tramos más emocionantes, entre otros, que, ajenos a efectismos y golpes bajos, ofrece su momento cumbre cuando Puppo viaja al Principado de Mónaco y se funde en un abrazo con el Vilas de estos días: otoñal, asediado por mellas cognitivas, extremadamente sensibilizado y más querible que nunca. (Télam)