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El turf está en crisis y no tiene un rockero que tome la posta de Carlos Gardel

Por Agencia Télam

13-07-2019 01:00

Entre 1925 y 1970 el turf argentino vivió a la sobra de Irineo Leguisamo, un fenomenal jockey uruguayo que hizo yunta con el gran Carlos Gardel, quien entre otras cosas compuso aquel tango inolvidable que tituló Por Una Cabeza y que dió la vuelta al mundo por su calidad musical y su letra entrañable del poeta Alfredo Lepera.

El tango y el turf iban de la mano. El éxito de ambos era total. En Palermo solían juntarse 100.000 personas por reunión y Gardel supo darle una musicalidad exacta. Los diarios tenían una o dos páginas de turf por día y las tribunas se llenaban con los muchachos de la Popular y los "bacanes" de la Tribuna Oficial.

La oligarquía argentina y los laburantes se juntaban para darle lustre a una actividad que le discutía mano a mano al fútbol, al automovilismo y al boxeo.

Gardel muere en Medellín en 1935 y el turf aguantó su ausencia con otras figuras como el "Gordo" Troilo, Edmundo Rivero, Héctor Valera, Alfredo D'Angelis, todos "burreros" de ley. También los crack del fútbol iban los sábados al turf: Adolfo Pedernera, el Charro Moreno y Angel Labruna.

Hoy, 70 años después, el turf no tiene difusión, sus tribunas están vacías y no hay una música que reemplace al tango. Las cosas cambiaron y la crisis es muy aguda.

No hubo ningún rockero que agarrara la posta que dejó Carlos Gardel. Ni Charlie García ni el Flaco Spinetta se fijaron en el turf. Hoy no hay pasión, tampoco mucho dinero que digamos y el espacio en los medios de comunicación está reducido al máximo.

El hipódromo de Palermo tiene el gancho de las maquinitas electrónicas. De ahí sale dinero para solventar al turf. San Isidro no tiene maquinitas y el Jockey Club tiene que hacer magia para no seguir perdiendo plata. En el Hipódromo de La Plata la situación es parecida. Las tres pistas centrales tienen serios problemas económicos.

No hay renovación de público. Los jóvenes no sienten la pasión que tenían aquellos de los años 40 y 50 cuando ir al hipódromo era una fiesta. Hoy un Gran Premio Carlos Pellegrini bien difundido no supera las 50.000 personas.

Este año Pablo Gustavo Falero anunciará su retiro de la actividad de jockey. Es otra mancha más que no se va a poder ocultar. El mejor jinete de los últimos 25 años dirá adiós.

El turf perdió público, la situación económica del país no ayuda, su alma tanguera no llama a la juventud y todo se va degradando. Roberto Benedicto, el hombre fuerte del haras Rubio B., declaró que "sin difusión no puede haber nada bueno".

Y tiene razón. Ahora es tiempo que los dirigentes encuentren el sentido común para dar los pasos correspondientes. El turf argentino es una tradición importantísima como para que lo dejen morir así nomás. Todavía hay tiempo. (Télam)