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Admiramos tanto a René

Por Agencia Télam

18-06-2020 03:45

Con más de tres meses ya de la pelota en reposo en las canchas argentinas y la consabidas horas extras de la memoria emotiva y selectiva, la ocasión invita a reponer un instante glorioso de un delantero excepcional: hace 46 años, en Stuttgart, René Houseman honraba una gran habilitación de Carlos Babington y convertía un exquisito gol a la Italia que defendía el subcampeonato del mundo.

A un mes y un día de cumplir 21 años, el "Hueso" Houseman rubricó entonces un notable debut con la Selección Nacional en los Mundiales y selló la primera de sus tres anotaciones en la Copa de Alemania 74, pero antes que eso, o entre otros valores, regaló una de las más destacadas muestras de habilidad de un jugador argentino en la alta competencia.

Piques al espacio, con sentido, devoluciones al pie y gambetas de alta gama, en velocidad o en el tramo corto, en el uno contra uno o en el uno contra dos (sublime el amago y la desfachatada salida entre dos defensores italianos, Giacinto Facchetti y Romeo Benetti, que chocaron como dos trenes), jalonaron un fútbol angelical signado por el infierno de los dislates organizativos de esos años.

Tres entrenadores (Vladislao Cap, José Varacka y Víctor Rodríguez, más un cuarto analista de rivales: Hector Rial) y un plantel mal preparado, desprotegido y desaprovechado hasta límites intolerables.

Sin temor a exageraciones, podría afirmarse que examinada de conjunto la materia prima del plantel argentino de Alemania 74, sólo perdería en la comparación con el de España 82, el de la base del campeón del 78, más Diego Maradona, Ramón Díaz, Juan Barbas, Jorge Valdano.

En ese contexto, un Houseman chiquilín dio la talla como no la dieron unas cuantas estrellas argentinas en la historia de los Mundiales.

El 19 de junio del 74, en el Neckarstadion de Stuttgart, Argentina presentó un gran equipo o, en aras de la exactitud conceptual, un catálogo de nombres notables: Daniel Carnevali en el arco; Enrique Wolff, Roberto Perfumo, Ramón Heredia y Francisco Sá en la defensa; un solo mediocampista defensivo, Roberto Telch; y en el ataque René Houseman, Héctor Casimiro Yazalde, Rubén Hugo Ayala, Carlos Babington y Mario Kempes.

El bello gol del ignoto Houseman, cuyo gran nivel desató el entusiasta interés de la prensa internacional, resultó insuficiente para la victoria argentina, toda vez que Italia estableció el 1-1 por la vía de una desafortunada acción de Perfumo, capitán de los albicelestes que destacaba en Cruzeiro de Belo Horizonte.

Cuando sobrevino el gol italiano, Houseman era asistido fuera del campo de juego a guisa de un fuerte golpe que lo había aturdido: "Me tiraron mucha agua en la cabeza, cuando me recuperé un poco del mareo, desde el suelo levanté la cabeza y en el cartel electrónico leí que había hecho un gol Perfumo. 'Qué bueno, ganamos 2 a 0'", pensé.

Después convirtió uno de los goles del 4-1 a Haití que selló la clasificación a la segunda fase, en el Olímpico de Münich, y por último anotó el que significó el empate de 1-1 con Alemania Oriental y el octavo puesto, mediante un formidable zurdazo que es justo reponer en la medida que honra una de sus características virtudes: la pasmosa facilidad con que podía definir con el perfil que demandaran las circunstancias.

(Ese partido, jugado el 3 de julio en el Parkstadion de Gelsenkirchen, no llegó en directo por televisión al país a raíz de los días de duelo relativos a la muerte del general Juan Domingo Perón, que había sido el 1 de julio).

Al cabo Houseman terminó en el top ten de los máximos goleadores del Mundial de Alemania 74: convirtió uno menos que el célebre alemán Gerd Müller y los mismos que monstruos de la talla del holandés Johan Cruyff, el brasileño Rivelino y el polaco Kazimierz Deyna. (Télam)