cultura

Sztajnszrajber: Es difícil pensar el fin de este acontecimiento como si fuese el de una película

Por Agencia Télam

16-10-2020 02:30

Para Sztajnszrajber, hay una ilusión que lleva a pensar que existirá un momento en el que este presente atravesado por la pandemia finalice y nos lleve a habitar el mundo tal y como lo hacíamos en febrero de 2020 y sostiene que "es difícil pensar la finalización de todo este acontecimiento como si fuese que terminó una película, dejamos los pochoclos y volvemos a la vida cotidiana".

-T: ¿Este tiempo impone la resignificación de nuevas formas de ritualizar desde los duelos hasta la manifestación popular?

-D.S.: No me cabe duda. En ese espacio que podemos llamar "construcción de nuevas ritualidades" hay reacciones muy diferentes. Está claro que en términos políticos hay una compulsa muy importante por ver por dónde pasan los nuevos ritos pero se fueron acomodando en otros aspectos. Uno piensa en lo vincular, en lo afectivo, en lo escolar y efectivamente estamos en el medio de un proceso que habrá que admitir que va a quedar. Hay todavía una ilusión de que esto termine y de que volvamos todos a febrero del 2020 a vivir la vida que vivíamos antes y tal vez, lo planteo como hipótesis, allí radica lo imposible que es que no se va a volver a ningún lugar anterior, más allá de la romanización que se hace de febrero del 2020, como si en ese momento todo funcionara bárbaro.

Me parece difícil pensar la finalización de todo este acontecimiento como si fuese que terminó una película, dejamos los pochoclos y volvemos a la vida cotidiana. Esta es la nueva cotidianeidad y de lo que se trata es de ver como la seguimos resignificando y que gracias a la acción concreta de la ciencia podemos ir reapropiándonos de nuestra libertad que es donde más nos pega. Nuestra libertad en términos políticos pero también sanitarios.

-T: Decís que hablar de amor es hablar de poder. ¿Cómo pensás que se reconfigura esa conjunción hoy?

-D.S.: Hay dos espacios a repensar: qué pasa con las relaciones ya existentes y qué pasa con las nuevas posibilidades de vínculos, con las parejas nuevas. En ambos casos hay una zozobra importante. Para los que conviven no es lo mismo la convivencia cotidiana en sociedades de la producción que hacen que las personas salgan a trabajar y se reencuentren a la nochecita o a la mañana, donde se reactualiza el deseo gracias a que salís de tu casa extrañás y volvés, que esta situación donde tenés al otro, en tanto otro, en la plenitud de su despliegue permanente. No estoy diciendo que necesariamente las relaciones tengan que explotar, te diría al revés: en el algún punto se juega todo de modo más genuino, no hay dispositivos como el de la salida y regreso que ayudan a que una situación prospere.

Ahora ves al amor en carne y hueso, en el fondo de los ojos del otro o lo dejás de ver. Y en las relaciones nuevas me parece fascinante lo que se abre porque es una posibilidad absolutamente novedosa de escaparle a lo que son prototipos y ritualidades que estaban demasiado enquistadas en el encuentro sexoafectivo con el otro. Me genera mucho cuestionamiento la idea de que si querés conocer a alguien tenés que pasar por ritos y que si te salís de ellos te quedás solo o sola porque todo el mundo entra en esa plataforma ritual. Hay una especie de cadena de producción del encuentro sexoefectivo que si salís de eso quedás patas para arriba. Esa plataformización de los vínculos me gusta pensarla como que hay un software que normaliza el encuentro con el otro desde otro lugar. No es que para conocer a alguien usás Tinder sino que se tinderizó el modo de vínculo con el otro. Esa plataforma terminó siendo la dramaturgia del vínculo. A pesar de lo extraño que puede resultar el modo de encuentro con el otro, en lo inesperado se abre una puerta. Casi sin pedirlo estas obligado a algo que es clave en las relaciones vinculares: experimentar formas que no son las prototípicas. Quizás alguna investigación científica dice que la gente es más infeliz y todo lo que dije no es así. (Télam)