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Svampa: Sería un error creer que de la mano del extractivismo vamos a reducir las desigualdades

Por Agencia Télam

09-10-2020 02:45

En el libro "El colapso ecológico ya llegó", Maristella Svampa y Enrique Viale develan cómo la irrupción de la pandemia desenmascaró los daños provocados a nivel mundial por un modelo de desarrollo hegemónico que de la mano del extractivismo y la destrucción de los territorios, derivó en una mayor contaminación del planeta y en un incremento de las desigualdades sociales.

El libro, editado por Siglo XXI, cuestiona el capitalismo neoliberal extremo, recorre los intentos frustrados de las diferentes Cumbres de Cambio Climático por reducir los gases del efecto invernadero, y ofrece un panorama acerca del impacto que el extractivismo y el agronegocio han tenido a nivel mundial y puntualmente en Argentina, que al igual que en el resto de América Latina en vez de reducir las desigualdades sociales las incrementaron, según Svampa.

En diálogo con Télam, la socióloga e investigadora del Conicet propone junto a Viale un pacto ecosocial y económico que "avance en un plan climático global orientado a las energías limpias y renovables", que contempla el impuesto a la riqueza, el no pago de la deuda externa y un ingreso universal ciudadano.

- Télam: ¿Por qué considerás que la irrupción de la pandemia es una oportunidad para llevar a un cambio del sistema capitalista neoliberal?

- Maristella Svampa: Hay una falsa oposición entre lo social y lo ecológico o ambiental. Esto es algo que recorre America latina, no solo la Argentina y que, en el marco del ciclo progresista, se buscó instalar para justificar la destrucción de los territorios y el extractivismo en nombre de la reducción de las desigualdades. Sin embargo, al final del ciclo progresista hemos visto que la desigualdad no se redujo. Según datos de Oxfam el crecimiento económico que se obtuvo en América Latina entre 2002 y 2015, al calor del boom de los comodities fue capturado principalmente por los sectores más ricos de la sociedad: los llamados superricos incrementaron su fortuna en un 21 por ciento, mientras que el crecimiento del PBI fue del 3,5 por ciento en la región. Así, hay un intento de instalar esta falsa oposición entre lo social y lo ambiental, cuando lo que vemos es que, además de no haber transformado la estructura productiva, ya que las economías más bien se reprimarizaron, no se redujo la desigualdad; por otro lado, aquellos que son más impactados por los modelos de maldesarrollo, del extractivismo y el cambio climático son los sectores más vulnerables.

Hay una coincidencia entre el mapa de la contaminacion ambiental, y el mapa de la pobreza. Basta con ir a la zona del Riachuelo donde están instaladas una serie de industrias altamente contaminantes que producen sufrimiento ambiental en las poblaciones más pobres, o ver lo que sucede con la explotación petrolera en Neuquén y los impactos sociosanitarios sobre las comunidades mapuches; los impactos de la minería en Jujuy o en Catamarca. Ahí podemos ver cómo claramente los pasivos ambientales se socializan mientras las grandes ganancias de las empresas se privatizan. Esta es la lógica del extractivismo en América Latina y Argentina. Sería un error creer que, reactivando la economía de la mano de más extractivismo, vamos a lograr reducir las desigualdades.

- T: En el libro abordan los fracasos de las COP que buscaron comprometer a las grandes potencias con la reducción de la emisión de los gases del efecto invernadero. ¿Cuál sería la estrategia global para arribar a un modelo de energías limpias y sustentable en el tiempo?

- M.S: Hay que reinventar el multilateralismo sobre nuevas bases; sobre la solidaridad, la interdependencia; el reconocimiento de la deuda ecológica y social que el norte tiene en relación al sur, sobre la necesidad de una transición justa en términos geopolíticos. La reinvención del multilateralismo debe partir de un cuestionamiento muy radical del rol de la Organización Mundial del Comercio, que es responsable de haber consolidado esta globalizacion neoliberal depredadora, que afecta muy particularmente a países del sur. Debemos avanzar hacia un multilateralismo que tome el toro por las astas y avance en un plan climático global orientado a las energías limpias y renovables, que se acople con las agendas regionales y nacionales, sin lo cual sería muy difícil avanzar en la transformación tan radical que requiere esta hora tan dramática. En América Latina también ha sido muy pobre el rol de las instituciones regionales. El escenario regional está muy fragmentado, los gobiernos tienen diferentes orientaciones y el final del ciclo progresista no ha sido reemplazado por otro tipo de hegemonía, sino más bien por una fragmentación política regional que no coadyuva a la integración regional. Sería necesario avanzar en proyectos de cooperación regional en pos de una agenda de transición.

- T: Una de las propuestas que se plantea para sanear la situación de pobreza de grandes sectores de la población argentina es un pacto ecosocial y económico que, entre otras cosas, incluya un impuesto a las grandes fortunas. ¿En qué medida creés posible esta propuesta si la oposición política busca frenar en este momento un aporte solidario de los dueños de las grandes fortunas por única vez?

- M.S: Proponemos un pacto ecosocial y económico desde Argentina, y en clave latinoamericana también. El pacto ecosocial e intercultural del Sur es promovido por activistas y organizaciones sociales de diferentes países, como Colombia, Ecuador, Bolivia, Brasil, Perú, Chile, además del nuestro. Buscamos instalar una plataforma común, desde la cual avanzar con otra agenda de la mano de conceptos-horizontes que se pergeñaron al calor de las luchas ecoterritoriales, feministas, indígenas y campesinas. Creemos que en esta encrucijada civilizatoria es necesario disputar sentidos, plantear alternativas desde las cuales sea posible construir una sociedad solidaria, democrática, resiliente, en una línea que articule la justicia social con la justicia ambiental.

Por supuesto que resulta difícil instalar una agenda de este tipo en un contexto de gran crisis económica. Mirando lo que hace este gobierno, hay que decir que estamos lejos de apuntar a una agenda de cambio, el gobierno está pensando en reactivar la economía con más extractivismo y eso es muy negativo.

Planteamos una agenda integral, que suministre respuestas desde lo social, a través de una reforma tributaria estructural que revierta las inequidades y a través de un ingreso universal ciudadano. En ese marco, apoyamos el impuesto a la riqueza, el cual no debe ser extraordinario, y al que deben sumarse otros impuestos. Sabemos que hay una gran renuencia de los sectores más ricos a colaborar de manera solidaria en este contexto de crisis, pero también me preocupa que el gobierno proponga utilizar el 25% de lo recaudado de este impuesto a la riqueza para promover el gas del fracking. Eso me parece descabellado. (Télam)