cultura

Raquel Garzón. Las mujeres nos permitimos ser más francas en las emociones que nos perturban

Por Agencia Télam

20-07-2020 07:45

La poeta, escritora y periodista Raquel Garzón eligió que la voz narrativa que lleva adelante el relato de la desintegración de un matrimonio en "Fue la gripe, amor" sea la de un hombre, un contador acostumbrado a mantener relaciones laborales y afectivas perdurables, a quien el planteo de separación de su mujer obligará drásticamente a revisar la configuración de su deseo.

"Me interesaba escuchar su versión acerca de cómo se reconstruye un varón que de un plumazo pierde mucho de lo que lo alimenta y lo sostiene (madre, mujer, trabajo, certezas). ¿Cómo vuelve a hacer pie? ¿Qué elementos le permiten recrearse, reinventarse, explorar otros estados? Fue un desafío construir una voz narrativa masculina y creíble y las ganas de seguir escuchando esa voz me llevaron a desarrollar la historia y a convertir el cuento inicial en una novela", cuenta a Télam la editora de Clarín y columnista del periódico español El País.

La resistencia, el enojo y finalmente la aceptación, serán las distintas instancias del proceso por las que atravesará Germán, el protagonista de la nouvelle: "Las etapas por las que pasa son las de un duelo y creo que las vivimos mujeres y varones sin distinción. Pero sí siento que nosotras, más allá de nuestra edad, nos permitimos ser más vulnerables y más francas en la expresión de las emociones que nos perturban. La generación de Germán (un contador que ya pasó los 50 y que lleva 23 años en la misma oficina) tiene más dificultades, me parece, para franquear ante otros su fragilidad", apunta.

-Télam: Los hombres no sabemos vivir solos y mucho menos, no tener empleo". ¿Acá se juega una apreciación sobre el género masculino que se repliega sobre el personaje o tiene un alcance más universal?

- Raquel Garzón: Son afirmaciones que hace el personaje en medio de una crisis, pasada ya la mitad de su vida, tratando de entender por qué siente lo que siente. Los varones más jóvenes, creo, se ven menos obligados socialmente a la infalibilidad y no suscribirían esa afirmación que sí he escuchado en amigos de más de 50 (les "robé" esa percepción; la literatura abreva en lo real: gestos, detalles, tics de seres que nos cruzamos). No comparto necesariamente la visión de Germán, pero sí me resulta conmovedora su honestidad, su falta de condescendencia para con él mismo y la necesidad que tiene, en ese proceso de transformación, más que de encontrar respuestas de plantearse preguntas todo el tiempo.

-T: El texto tiene algunos puntos de contacto con el film "El amor menos pensado", sobre todo en el recorrido de un matrimonio que se separa -no por una convivencia irrespirable sino porque solo la inercia parece mantenerlo vigente- y que al cabo de un tiempo vuelven a conectarse ¿Estamos frente a la posibilidad de que el deseo tal vez no se extinga y que pueda retornar aún cuando parecía que estaba clausurado para siempre?

-RG: Me gustó esa película. Y creo que tanto en esa historia, como en la de Germán y Be, los personajes sufren por cierta desconexión con el propio deseo. Olvidaron qué los sedujo y por qué siguen allí. La pareja y la intimidad son cuestiones inagotables y universales que la literatura, el teatro, el cine y las series exploran sin desmayo porque como temas lo tienen todo: conflictos, pasión, tensión e intención, expresados de la tragedia a la comedia. Cuando las ganas de seguir juntos se diluyen, no hay mucho más que hablar, ¿no? La buena noticia es que, como el deseo es muy misterioso, puede que lo que leemos como un desfallecimiento sea solo una fase más, una de las mutaciones posibles. En el amor también se puede dar de nuevo. Recuerdo siempre el brindis final de aquel grupo de amigos en "Maridos y esposas", la película de Woody Allen, algo así como "Por un buen matrimonio, lo mejor que alguien puede desear".

(Télam)