cultura

Peter Sloterdijk, el pensador irreverente que mezcla la genética con la teología y la música pop

Por Agencia Télam

25-08-2020 01:45

Casi cuatro décadas después de "Crítica de la razón cínica", el libro publicado en 1983 que lo catapultó a la escena pública por sus indagaciones filosas y sus hipótesis audaces, el pensador alemán Peter Sloterdijk se convirtió en una de las voces centrales de la filosofía europea a partir de una treintena de ensayos sobre tecnología, globalización y medios que conviven con su conocida faceta polemista, a la que echa mano cada tanto para huir de la solemnidad del mundo académico.

Indómito como la pelambre rubia que le da un aspecto algo desaliñado a su apariencia, Sloterjijk construye sus meticulosas elaboraciones a partir de un corpus heterogéneo que intercala saberes tan disímiles como el psicoanálisis, la teología, la cibernética, la arquitectura o la biología. Le gusta poner en diálogo lo antiguo y lo contemporáneo, cruzar por ejemplo el pensamiento de Diógenes de Sinope -que vivió hacia el 412 a. C- con la "Poética del espacio" (1957) de Gastón Bahelard.

Sus textos, escritos con un rigor que se ventila en la ironía y el sentido del humor, proponen asociaciones inéditas entre géneros y referentes con un desparpajo que puede hacer coincidir referencias al arte y a la música pop con citas teológicas y apuntes sobre hallazgos genéticos.

"Soy un fenomenólogo y un narrador. Los filósofos académicos a veces me acusan de que mis textos no están argumentados. Pero no es verdad. En mis textos se argumenta, pero de una manera distinta. Por lo demás, los autores académicos deberían alegrarse de que su disciplina se esté revitalizando con una terapia de células literarias frescas. El resentimiento nunca es buen consejero", señaló hace un tiempo.

Formado inicialmente en la Escuela de Frankfurt -de la que luego tomó distancia-, Sloterdijk recaló en la obra de pensadores como Marc Bloch, Theodor Adorno o Friedrich Nietzsche en un camino de autodescubrimiento que incluyó varias bifurcaciones, desde las formulaciones del psicoanalista Jacques Lacan hasta la influencia de los escritores Paul Valery y Cesare Pavese, sin olvidar su peripecia en Pune (India), adonde viajó para conocer al gurú Rajneesh Osho.

Tras la publicación de "Crítica de la razón cínica" -una obra que retoma fragmentariamente en su flamante libro "Las epidemias políticas"- entregó materiales esclarecedores como "Ira y tiempo", "El imperativo estético y "Esferas", una monumental trilogía integrada por "Burbujas", "Globos" y "Espuma" en las que a partir de las distintas nociones de esfera construye una teoría de espacio íntimo.

Aunque la encara con fervor impenitente, la actividad intelectual no le ha impedido al filósofo desempeñarse como rector en una universidad especializada en nuevos medios y diseño (la Hochschule für Gestaltung, localizada en su ciudad natal, Karlsruhe), así como tampoco tener su propio ciclo televisivo, "El cuarteto filosófico".

En 1999 sostuvo una confrontación con Jürgen Habermas y otros intelectuales a raíz de sus consideraciones en el libro "Normas para el parque humano" en torno a la biotecnología y la posibilidad de manipulación genética.

"El filósofo está condenado a citarse a sí mismo continuamente y es un pobre diablo porque tiene que compartir sus opiniones todo el tiempo. En la India dirían que el filósofo tiene un karma horrible y por eso es filósofo", suelta a modo de consuelo el hombre que lleva años desempolvando las estanterías filosóficas. (Télam)