cultura

Jesse Ball: La escritura es una forma de autoinvención e introspección

Por Agencia Télam

21-11-2020 02:45

"Cómo provocar un incendio y por qué" es la sexta novela del escritor estadounidense Jesse Ball, quien enseña escritura en la Escuela del Instituto de Arte de Chicago y cuenta además con colecciones de poesía y hasta libros de ilustraciones, porque además de sus dotes literarias, el narrador es un aficionado al dibujo. La portada de "Toque de queda", editada en la Argentina en 2014, muestra la silueta de un zorro de su autoría. Una habilidad alejada de la proyección vocacional de su infancia: ser basurero.

"Me gustaba que viajaran en la parte trasera del camión. Me parecía algo encantador. Había quedado fascinado con la película de Terrence Malick, 'Badlands', donde Martin Sheen encarna a un basurero. Fue la primera cosa que quise ser. Después de eso quise ser poeta. Creo que escribir es algo que terminás haciendo si ninguna otra cosa te queda bien", dice en entrevista con Télam este lector voraz de literatura argentina. "Me gustan Borges, di Benedetto, Aira, Schweblin. Me parecen buenos y audaces", enumera.

- Télam.: "Ustedes no son más que una invención: me ayudan a poner las cosas en orden. Son mi público ficticio y como tal les estoy muy agradecida", dice la narradora mientras relata su vida. ¿La relación entre escritor y lector funciona de la misma manera para vos, quiero decir, ese interlocutor imaginario te permite organizar tus pensamientos en torno a la vida o la literatura?

- Jesse Ball: La escritura es una forma de autoinvención e introspección. Uno aprende sobre uno mismo escribiendo, como señaló Montaigne. Pero el público es (como la ficción) a la vez ficticio y no ficticio. Avanzamos juntos, escritor y lector, al compartir lo que poseemos: nuestra pasión por respirar y conocer, nuestra pasión por aprender. Pensemos: si hay una puerta, ¿no querés saber qué hay al otro lado? Es maravilloso. Estamos tan hambrientos de qué más hay Â… o podría haber Â…

- T.: En un momento, Lucia dice que pocas veces uno tiene la posibilidad de defenderse de las críticas y que "la historia solo es gente portándose mal". ¿Compartís esa mirada sombría sobre el devenir de la humanidad?

- J.B.: Absolutamente escéptica. En cuanto a la mirada sombría, bueno, hay que pensar en términos tanto grandes como pequeños: una mirada reducida sería pensar "Vivo y puedo hacerlo con alegría, soy capaz de tratar bien a quienes me rodean a pesar del horror circundante", mientras que una mirada amplia sería "Bueno, mirá la inequidad, la crueldad que se perpetra a diario". ¿Qué puedo hacer al respecto? Así avanzamos, tratando de vivir en ambos ámbitos, tratando de mantener la calma y la generosidad, haciendo un poco más de lo que creemos que podemos hacer. De esta forma se avanza.

- T.: El paisaje cínico que rodea a la protagonista de la novela se parece al de la realidad: su desconfianza en las instituciones, en la escolarización encarnan una reacción posible a un escenario como el actual, que en Estados Unidos expresa de manera contundente el todavía presidente Donald Trump ¿Cuánto de esa realidad inspiró el contexto de la novela?

- J.B.: Escribí este libro creo que en 2014, así que fue antes de todas las tonterías del presente. Pero los presidentes de Estados Unidos tienden a actuar de manera conflictiva. Incluso Obama dejó que el petróleo fluyera hacia el Golfo de México sin hacer nada durante meses. Podría haberlo detenido y debería haberlo hecho. ¿Qué pasa con toda la vida marina? ¿Esa vida no cuenta? Un rey debe ser un sirviente, el primer sirviente, no un gran señor. Pero los estadounidenses entienden el liderazgo como un privilegio, no como un servicio. Y sí, los libros pueden ser una resistencia. Los libros pueden resistir. (Télam)