cultura

Inés Garland: Creo que el desconcierto que produce la sexualidad no cambió

Por Agencia Télam

05-07-2019 04:00

Con un extraordinario manejo de lo sugerido y climas que a veces se tensan hasta lo asfixiante Inés Garland aborda en su nuevo libro, "Con la espada de mi boca", relatos que ponen en escena la complejidad de los vínculos amorosos, la sexualidad muchas veces desbordada y el peso de lo oculto en las relaciones humanas.

Garland trabaja en este corpus de cuentos sobre las acechanzas que habitan la sexualidad de adultos y adolescentes, los conflictos familiares a veces marcados por el peso de lo generacional y los desencuentros amorosos con una originalidad creativa que confirma una vez más la voz propia de esta escritora que invita profundamente a la reflexión.

Adolescentes que se inician conflictivamente en su sexualidad, una hija que enfrenta a su padre abusivo, una joven de vacaciones que descubre su belleza y capacidad de libertad, hijos adolescentes que tienen escarceos sexuales con parejas o amantes de sus padres transitan este libro editado por Alfaguara.

Autora de libros como "Una vida más verdadera", la escritora vuelca aquí su mirada sobre la sexualidad y considera en diálogo con Télam que "el desconcierto que provoca la sexualidad para los adolescentes por lo poderoso, aterrador y también maravilloso, no cambió con el tiempo: es el mismo ahora que en los años 40, 60 o 70".

- Télam: ¿Qué cuestiones acerca de la sexualidad la interpelan?

- Inés Garland: Creo que la sexualidad tiene muchísimo poder y me preocupa el modo en que con estrategias distintas sigue habiendo una profunda desconexión de las personas con ese poder: en mi época era la represión y ahora los chicos aprenden sobre la sexualidad con pornografía, invadidos de imágenes que nadie les enseña a decodificar. Creo que todo eso reprime la sexualidad verdadera, sana, como un modo de encuentro con el otro.

Dos personas que se encuentran sexual y profundamente van a sentir al menos por un instante que no están tan aisladas de todos los demás y eso les va a dar un poder que permitirá que no se dejen manipular, que no sientan que deben consumir cuando estén solos en este mundo. Creo que al sistema le conviene que no sepamos todo esto sobre la sexualidad y por eso sigue siendo un tema tabú. Cada uno debería descubrir cómo la sexualidad funciona para sí mismo y con quién, en vez de que te digan desde afuera cómo tiene que ser, y para descubrirlo se debe tener mucha libertad, de lo contrario se vuelve un lugar común y la sexualidad es un lugar íntimo y singular para cada uno.

- T: El encuentro y las rupturas amorosas son una constante en sus obras.

- I.G.: El amor, el encuentro con el otro siempre me interesó, desde chica me preguntaba por qué la gente se amaba, por qué se juntaban, miraba mucho los matrimonios de los amigos de mis padres y me lo sigo preguntando. Creo que hay mucha idealización de mi parte acerca de cómo es el amor y el encuentro sexual con el otro. No soy nada pacata y no creo que si tenés sexo con alguien después haya que casarse, pero sí creo que el encuentro sexual es un momento muy profundo, donde hay que estar entero.

- T: ¿Su percepción de la sexualidad cambió a lo largo del tiempo?

- I.G.: Creo que el desconcierto que produce la sexualidad no cambió. El asombro con que una adolescente se da cuenta de que está embarazada ahora o hace 40 años es el mismo: la experiencia humana es la misma más allá de que el contexto les permita ahora hablar con una precisión increíble.

- T: ¿Por qué le interesó hablar de la imposibilidad de los adolescentes para concretar el encuentro sexual?

- I.G.: Quería hablar de la vulnerabilidad en los adolescentes porque negarla da después adultos muy alejados de sus emociones más profundas o de la posibilidad de estar entero con otra persona. Las personas dañadas también dañan, y si esas experiencias no se trabajan, se repiten.

- T: En el caso de los adultos se habla mucho de la vulnerabilidad de la mujer, pero ¿qué sucede con el hombre?

- I.G.: Los hombres tienen muchas dificultades para aceptar su propia vulnerabilidad porque el mandato es que no lo son, y lo mejor que nos podría pasar a todos es entender que somos todos vulnerables para poder relacionarnos desde nuestra vulnerabilidad, en vez de esta especie de lucha de poder de quién vale más que otro. Si nos acompañáramos en estas dificultades desde esa conciencia de vulnerabilidad el mundo sería mucho más amoroso de lo que es.

- T: ¿Por qué eligió ese título, que aparece en el epígrafe como una cita del Libro del Apocalipsis?

- I.G.: Lo asocié con lo que dice Kafka de que la literatura "es un hacha que rompe el mar helado", y me parece que las experiencias que nos avergüenzan, donde uno va dejando pedazos de uno mismo, son experiencias que se rodean de hielo, nos endurecen y hace más difícil el encuentro con los demás. Mi idea era que con lo que uno pueda decir se pueda romper ese hielo y abrir esa puerta, que es la misma que deja entrar el dolor y la alegría. Si cerramos la puerta porque fue mucho el dolor, no entra nada y uno se vuelve menos capaz de disfrutar de la vida. (Télam)