cultura

Guerriero: En la tarea de edición se genera una relación de complicidad y de intimidad fabulosa

Por Agencia Télam

07-11-2020 05:30

Por estos días también salió "El otro lado. Retratos, fetichismos, confesiones", un libro en el que Leila Guerriero (Junín, 1967) ejerció otro de sus roles, el de editora, esta vez el trabajo con los textos de no ficción de Mariana Enriquez, una escritora a la que define como "buena en todo".

Entre la edición y los talleres, Guerriero cuenta que está trabajando en un proyecto de escritura "muy embrionario": "Nunca hablo de lo que estoy haciendo porque me puedo cruzar con alguien que me diga '¿eso te parece interesante?'. Es imposible no hacerse esa pregunta después. O puede pasar lo contrario y te llenan de prejuicios porque te dicen 'reverendo hijo de perra' y vos decís hasta ahora no me pareció. Prefiero preservar mi criterio propio".


-T: ¿Cómo influyó el empezar a editar al momento de escribir? ¿Recordás esas primeras experiencias como editora?

-LG: Los primeros textos que edité fueron para la revista de crónicas Gatopardo y de viajes Travesías, ambas de México. Me convocó el director de la editorial Guillermo Osorno y dije "¿Te parece? Nunca edité". Me dijo que ya era editora porque era editora de mis textos y que iba a poder hacer eso con los textos de los otros. Así empecé a editar y me armé una manera. Contaba con el plus de que todos los autores que editaba eran colegas entonces cuando decía "acá falta tal cosa, por qué no hacemos un esfuerzo para ordenar la estructura", entendían que se los estaba diciendo un par, no una persona que estaba sentada en una nube de humo y nunca se había enfrentado a esos problemas. Eso fue fantástico y muy rápido empecé a sentirme muy cómoda. Con un autor o autora se genera una relación de complicidad, de intimidad, de respeto mutuo que es fabulosa. Después empecé a editar para Universidad Diego Portales de Chile para un trabajo de enorme envergadura: un libro que se llamó "Los malditos", una serie de perfiles de editores malditos. Fue fantástico porque tenía una escudería en la que estaban Alberto Fuguet, Alan Pauls. Había que lograr que el libro tuviera parámetros similares en todos los perfiles, que no fuera una colcha de retazos. No podía mezclar un perfil con un ensayo, tenían que ser todos perfiles, crónicas. Ese fue el primer libro grande que edité.

-T: ¿Cómo fue el trabajo con Mariana Enriquez?

-LG: Siempre me pareció que su obra de no ficción era soberbia, tiene una especie de erudición acerca de las cosas que le interesan y le interesa casi todo. No sé de dónde saca tiempo para leer tanto, para ver tantas series, escuchar tantos discos y trabajar como una obrera porque es editora del suplemento Radar y trabaja mucho, escribe mucho allí. Es buena en todo además: en la ficción, en la no ficción y esto permanecía un poquito más oculto. Nunca se había hecho una tarea de recopilación de sus columnas así que fue un trabajo largo, de un año y medio o más. Desde el momento en que le comuniqué la intención de hacer el libro dijo que sí y me empezó a mandar material. Le pedía textos, me acordaba cosas de La mujer de mi vida, de El País cultural, Guardián porque la leo desde siempre. Y un día descubrió que su marido había guardado su trabajo publicado en revistas en archivo en papel. Cuando los fui a buscar me dijo "traé una valija" y cuando estaba por salir me dijo "mejor, traé dos". Coloqué todo ese material en un amplio pasillo que conecta mi estudio con el resto de la casa y seleccionaba, estaban en orden cronológico así que fui muy cuidadosa. Hubo algunas pocas notas que hubo que transcribir. Es muy ordenada así que le decía que me interesa una nota, iba a su archivo en la computadora y la encontraba. Lo más difícil fue encontrarle una lógica interna. No quería un orden cronológico, me parece un plomo: tampoco le di un orden cronológico a las crónicas de "Teoría de la gravedad". Quería que el libro tuviera diferentes temperaturas, zonas temáticas y vislumbrar todo eso en un trabajo tan enorme era muy difícil. Una semana de verano entendí cómo tenía que ser el libro. Había muchas columnas sobre su mundo propio: cuestiones de género, el tener o no hijos, su pareja, el aborto, sus consumos. Todo eso no podía estar condensado en un solo lugar entonces inventé secciones que se llaman mundo privado que cada tanto irrumpen entre esas columnas de literatura, discos y que, a su vez, están divididas en secciones como fetichismos, dioses y una cantidad de cosas. Le propuse el libro así a Mariana y le gustó. Cuando le devolví el material, tuve que sumar una tercera valija. Se los devolví dos o tres semanas antes del confinamiento. (Télam)