cultura

Gudalupe Nettel: El mundo no es eso que uno ve, sino que puede ser visto de diferente manera

Por Agencia Télam

07-11-2020 01:30

Guadalupe Nettel nació casi ciega del ojo derecho. Durante gran parte de su infancia, para mejorar su visión, le tapaban el izquierdo. Así fue como aprendió a ver, entre las sombras y consciente de cómo la apertura de un angular puede cambiar la historia. De esa primera aproximación al mundo se impregnó la mirada dual que domina su literatura. Con prosa nítida delinea las historias de personajes que suelen cargar con una mochila de obsesiones, pero siempre deja entrever la sombra, lo oculto y menos evidente. Aquel juego entre el ojo derecho y el izquierdo sigue vigente en su obra.

- Télam: : En una oportunidad se definió como una escritora mitad Jekyll y mitad Hyde. ¿En qué cuestiones observa esta dualidad?

- Guadalupe Nettel: No tanto como escritora, las noto como individuo. Cuando era niña, entre los dos y los siete años, usaba un parche durante la mitad del día en el ojo izquierdo. Y veía el mundo de dos formas diferentes durante la mitad del día, con el ojo derecho veo muy poco. Un mundo muy nebuloso y durante ese rato ponía atención en los olores, las texturas y los tonos de voz y con eso me guiaba. Y a las cinco de la tarde, me quitaban el parche y descubría el entorno, veía matices de colores y cosas súper delicadas como las huellas digitales y las nubes. Esa doble mirada que adquirí durante la infancia se inscribió en mí como una suerte de doble personalidad. Siempre tuve muy en claro que el mundo no es eso que uno ve, sino que puede ser visto de diferente manera. Tengo un carácter o muy apacible o muy explosivo. Y también noto que me gusta buscar explicaciones alternativas como que soy géminis y por eso la dualidad siempre estuvo.

- T: La dualidad la acompaña ahora también en su rol profesional: como escritora de ficción y como editora de la revista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

- G.N: Sí, me encanta editar la revista. De niña y adolescente tuve revistas, durante la facultad participé de una publicación de literatura y después de otra que se llamaba Número Cero. Pero eran publicaciones muy artesanales. Esto es un sueño. La revista de la Universidad tuvo muchas épocas y nosotros le cambiamos la forma para adaptarla a los jóvenes. Repensar la imagen y el concepto de algo con tanta trayectoria, ser parte de una historia, es delicioso. La tradición me da mucho respeto pero a la vez todo es posible porque uno se inscribe como parte de una historia y eso permite romper. Hicimos un números sobre feminismos, las resistencias indígenas en todo el continente, los animales, el sexo, el agua y el racismo. Incluso durante la pandemia, sin vida de redacción, hay un trabajo colectivo de intercambio de ideas que me encanta. Me gusta mucho el trabajo colectivo, la vida de redacción es algo que se da entre todos.

(Télam)