cultura

En Nueva York y en París dos librerías míticas piden ayuda para superar la crisis por la pandemia

Por Agencia Télam

10-11-2020 05:45

Dos míticas librerías del mundo están pidiendo ayuda ante la fuerte crisis económica en el sector a causa de la pandemia: una es la Shakespeare and Co de París y, la otra, a 5834 kilómetros (cruzando el océano Atlántico), es la librería Strand de Nueva York.

La célebre librería parisina Shakespeare and Company dijo a los lectores el miércoles que se enfrentaba a “tiempos difíciles” ya que la pandemia de Covid-19 mantiene alejados a los clientes, luego de que Francia impuso un nuevo confinamiento nacional, mientras continúan aumentando los casos de coronavirus, y que por ese motivo se ha visto obligada a realizar un pedido de ayuda a sus clientes porque las ventas han caído casi un 80 % desde marzo.

La librería Strand en Nueva York (un ícono de Manhattan) es casi un espejo de lo que sucede con su par parisina, han tenido un 70 % de caída de las ventas por la pandemia. Y los clientes ante el “desesperado” pedido “We need your help” (necesitamos tu ayuda) han tenido una respuestas tan inmediata y exitosa que colapsó su página web de ventas: de 300 ventas que realizaban en un fin de semana pasaron a vender 25.000 libros y además se formaron largas colas frente al edificio de la esquina, donde se ha trasladado abandonando su lugar histórico del Book Row de la Cuarta avenida.

En el comunicado que envió por correo electrónico a sus clientes la librería Shakespeare and Company de París señala que "Como muchas empresas independientes, estamos luchando, tratando de ver un camino a seguir durante este tiempo en el que hemos estado trabajando con pérdidas", y agrega que estaría "especialmente agradecida por compras en su sitio web de quienes tienen los medios e interés para hacerlo”.

Inaugurada por Sylvia Beach en 1919, la librería parisina fue frecuentada por escritores como F Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, TS Eliot y James Joyce a principios del siglo XX. George Whitman reabrió la tienda en 1951, con James Baldwin, Lawrence Durrell, Allen Ginsberg y Anaïs Nin entre sus visitantes. Whitman concibió la tienda como una "utopía socialista disfrazada de librería": se invita a los escritores a dormir gratis entre los estantes a cambio de unas horas de trabajo, y más de 30.000 invitados se han quedado desde que abrió la tienda.

Nancy Bass Wyden, es la tercera generación al frente de la librería Strand abierta en 1927 por su abuelo Benjamin Bass, un judío lituano que inicialmente dormía en la tienda, ella heredó el negocio en 2018, con 217 empleados. El 23 de octubre publicó un mensaje señalando que habían “sobrevivido a la Gran Depresión, dos Guerras Mundiales, a las grandes cadenas de librerías, los e-books y los gigantes del comercio online, pero por el impacto del Covid-19 no podemos sobrevivir a la gran caída de peatones, la casi total pérdida del turismo y los cero eventos en la librería”.

La propietaria de Shakespeare and Company, Sylvia Whitman, hija de George, el fundador en 1951 de lo que hoy es una institución, aprendió del primer confinamiento que le costó la pérdida del 80% de su volumen de negocio e instaló el sistema de venta virtual. “No vamos a cerrar -aseguró a un periodista de The Guardian-, pero hemos agotado nuestros ahorros. Necesitamos un salvavidas”. La librería ubicada frente al Sena, en un lugar turístico, solo vende libros en inglés y traducciones al inglés de autores franceses.

Ante la respuesta avasalladora, la dueña de Strand, esposa del senador demócrata por Oregón Ron Wyden y poseedora del edificio entero donde está la librería, Nancy Bass recibió un préstamo del programa gubernamental contra la pandemia, pero despidió a 188 trabajadores por el cierre en marzo, luego reincorporó a 33 al reabrir en junio, pero despidió de nuevo a 12 porque las ventas no eran las esperadas. Pero las mayores críticas llegaron cuando durante la pandemia compró acciones de Amazon, aprovechando el mercado bajista, lo que enfureció a los trabajadores de la librería. Bass lo justifica diciendo que era una oportunidad y que debía diversificar sus inversiones personales, muy afectadas por la crisis y ligadas a la librería: si salva sus recursos, asevera, la Strand podrá seguir. Aunque sea con un empujón de Jeff Bezos, director ejecutivo de Amazon. (Télam)