cultura

Arturo Pérez-Reverte: “En el plano corto de la guerra, solo se ven seres humanos”

Por Agencia Télam

03-11-2020 08:00

En su nueva novela, "Línea de fuego", el escritor español Arturo Pérez-Reverte narra la cruenta batalla del Ebro -que causó más de veinte mil muertos entre nacionales y republicanos durante la Guerra Civil Española- a través de una trama donde ganan centralidad las mujeres, porque según asegura "la mujer es más resistente y está más preparada al sufrimiento, al dolor, a la soledad”.

El autor de “El Club Dumas” ofreció hoy una conferencia de prensa ante más de cincuenta periodistas de medios latinoamericanos donde entre otros temas aclaró que su nuevo libro no es una “novela política, ni de bueno ni de malos: todo eso está detrás, lo que está en primer plano son los combatientes, los seres humanos”.

Los soldados que sienten indiferencia de estar en un bando o en el otro, los que prefieren estar en el bando contrario cerca de sus familiares, los que oyen al enemigo llamar a la madre en el mismo idioma, marcan situaciones de un enfrentamiento que aparece recreado a través de un lugar ficticio y personajes inventados en la novela editada por Penguin Random House, aunque el referente ineludible es la batalla en el río Ebro, un episodio transcendental de la Guerra Civil española donde murieron más de veinte mil personas.

“Los bandos era uno legítimo, los republicanos, y otro ilegítimo, los franquistas -señaló el autor de “El Capitán Alatriste- Pero entre las personas no había ni buenos ni malos”. Pérez-Reverte dijo que lo sabe por sus fuentes directas de personas que combatieron, por los libros que ha leído, pero además por su experiencia como reportero en guerras civiles.

“Cuando uno se acerca a la guerra, en el plano corto ve solo seres humanos -aseguró el escritor nacido en Cartagena en 1951- ¿Qué diferencia hay entre un chico de quince años o dieciséis que era fascista, comunista, socialista, anarquista o aquel que iba obligado a un bando u otro?”. Su respuesta fue contundente: “Ninguna. Yo quiero moverme por ese territorio. Ver la guerra sin prejuicios ideológicos y con atención al ser humano en los dos lados”.

El autor de "La tabla de Flandes" y "El maestro de esgrima" insistió con la idea de que la memoria debe ser presentada de manera ecuánime: “No usar la memoria contaminada como la usa la política española: esa es una perversión de la memoria”, enfatizó.

Télam le consultó por qué la Guerra Civil Española ha generado mucho humor en toda la ficción -también muy presente en su novela- pero también en los cómicos populares, donde son recurrentes las burlas sobre la trágica contienda: “Fue una guerra muy española. Todos se conocían, eran vecinos, del mismo pueblo, y eso generaba una interacción de trinchera a trinchera, se hacían pausas, se cantaban coplas, se insultaban, dialogaban a los gritos preguntándose por las novias. Mucho humor negro español, complicidad, la crueldad mezclada con la ternura. Una característica muy hispana", sostuvo.

"Mi abuelo me contaba que se intercambiaban tabaco o periódicos. Eso es todo muy nuestro, la parte más entrañable”, resaltó el novelista. Y destacó a la pareja tragicómica que aparece en “Línea de fuego”, el Moro Selimán y el soldado Ginés Gorguel, que se pasan toda la guerra queriendo escapar pero vuelven al combate: “quería con ese humor abrir vías para que el lector se relaje con la risa”, dijo.

“Un novelista no tiene ninguna obligación moral, no es inmoral pero sí amoral”, respondió más adelante y continuó en esa línea de pensamiento: “Yo no escribo novelas para hacer mejor el mundo, ni para ayudar a nadie -precisó-. Me gusta contar historias, que mis amigos compartan los mundos que invento. Hay historias que tienen filos morales, hay que tener mucho cuidado de que un lector nunca confunda una novela con un libro de historia. La historia tiene que ser fiel a los hechos, el novelista puede jugar con todo eso”, explicó.

Según dijo Pérez-Reverte, su familia luchó en el bando republicano: "Por razones culturales soy republicano”, pero de inmediato aseguró: “soy monárquico por obligación, porque en España ser monárquico es casi un acto de defensa, soy monárquico en defensa propia porque no confío en los políticos para sostener a España".

"Los políticos españoles carecen de conocimientos, de cultura, de lecturas y no tienen ni sintaxis, ni argumentos políticos, por eso utilizan la Guerra Civil como un arma sucia, y eso es muy peligroso", sostuvo. Y luego ironizó: "Les agradezco a los políticos que me hayan obligado a escribir esta novela que no toma partido por ninguno de los bandos”.

“El coraje no es masculino”, le contestó más tarde a una periodista argentina: “he estado en muchas guerras... en El Salvador, en Nicaragua, en Angola y he visto a mujeres haciendo cosas extraordinarias. Un coraje muy superior a algunos de los hombres. El hombre (generalizando, por supuesto) es más velocista y la mujer es más maratonista. La mujer es más resistente. Está más preparada al sufrimiento, al dolor, a la soledad -analizó-. Aguantaron durante siglos tantas obligaciones, tantas humillaciones, tantos insultos de los hombres. Acostumbradas a parir. Las reservas morales de la mujer se agilizan de una forma más dilatadas en un conflicto”, aseguró.

El novelista admitió que las mujeres en este libro son inexactas. “Las mujeres en la Guerra Civil duraron muy poco tiempo. La presencia de mujeres en el frente era compleja -explicó-. Yo quería una mujer republicana, que supiera que se estaba jugando cien años de progreso y si salía mal (como ocurrió) volvía a ser rehén del marido y relegada a la cocina rural. Era terrible para una mujer luchar con esa conciencia. Por eso decidí, como no había ninguna mujer en el Ebro, crear un personaje como Pato Monzón y sus compañeras que son lúcidas de lo que sucede”.

Pérez-Reverte anticipó que ya tiene varias ofertas para llevar la novela al cine y su agente está evaluando cuál es más seria. Ninguna película que ha visto de la Guerra Civil Española le satisface mucho, porque todas han tomado partido, salvo “La Vaquilla” de Luis García Berlanga, a la que definió como “la mejor, la más española y la que más se parece a ese escenario que quiere presentar la novela".

Fue contundente con el revisionismo. “No se puede ver la historia del pasado con los ojos del presente, es algo incongruente en todo Occidente. Nadie ni nada resiste ese análisis. Ninguna crueldad de las guerras del pasado puede ser juzgada en la actualidad”, reflexionó y continuó: “Qué machista era Hernán Cortés, Claro, era machista su abuelo y su bisabuelo. Y Moctezuma y su tía. Todos lo eran. Era un mundo machista, cruel, duro, arcaico”, recalcó.

Sobre el final de la conferencia un periodista le consultó al escritor si escribiría una novela revisionista sobre la Conquista de México. El autor aprovechó contestó: “Lo voy a decir como lo pienso. Cuando Hernán Cortés se va a México lo hace con esos animales crueles, muertos de hambre, de un país de miseria sometido a los curas y a los reyes. Y en América encuentran oro y mujeres guapas. Esos animales arrasaron ese mundo, por supuesto. Al mismo tiempo hicieron cosas: ahí está esta lengua que están hablando, las universidades, esa gente que se apellida Fernández y Sánchez. Esa hazaña cambió la historia de la humanidad, extraordinaria, increíble", indicó.

"Esos cuatro gamberros, analfabetos, crueles y sanguinario cambiaron el mundo: hay horror y grandeza, admiración y espanto. Eso se llama ecuanimidad. Era otro mundo de asesinos. No me hace falta escribir una novela sobre eso, es muy evidente. No me cuenten milonga: piensen. Además no fueron a América mis abuelos, ellos se quedaron en España. Fueron los abuelos de ustedes”, concluyó.

(Télam)