cultura

Arriaga: Por la dicotomia de ir de un barrio humilde a la escuela privada viví entre dos mundos

Por Agencia Télam

11-08-2020 02:30

Tres voces distintas, narradas en primera, segunda y tercera persona y una veintena de textos escritos en un taller literario dentro de una cárcel intercalados entre los narradores, conforman la novela "Salvar el fuego" de Guillermo Arriaga, quien como en los guiones de sus películas, lleva a sus personajes a la frontera entre el amor y la muerte y a otros tantos límites por donde personajes y lectores deben abismarse.

Marina es una exitosa coreógrafa, casada con un buen hombre, madre de tres hijos y una vida cómoda. En el otro extremo de la sociedad está José Cuauhtémoc, un homicida condenado a cincuenta años de cárcel, "un león detrás del cristal". En una visita de ella con su compañía de danza a la cárcel ambos se enamoran. Marina parece preguntarse y contestar el epígrafe de Jean Cocteau al comienzo de la novela: "Si el fuego quemara mi casa, ¿qué salvaría? Salvaría el fuego."

- T: ¿Por qué en esta novela -como también en tus películas- aparece una historia de la burguesía en un mundo no burgués?

- GA: Yo crecí en ambos mundos. En el barrio mis amigos iban a la escuela pública, de hecho son hijos de la escuela pública. Mis padres hicieron el mayor esfuerzo por mandarme a la mejor escuela privada de aquí. Por lo tanto mientras nosotros íbamos a un balneario cerca de la Ciudad de México (que nos parecía lo máximo), mis compañeritos iban a Europa. Mientras mis compañeros de la primaria escuchaban los Beatles y le parecían lo mejor, en mi barrio decían: "¿Los Beatles?, esos son fresas". Ellos escuchaban a Jimi Hendrix.

Por la dicotomía de ir de un barrio humilde a la escuela privada viví entre dos mundos. Es verdad, no me había dado cuenta, que en "Babel", en "Amores perros" y en "21 gramos" siempre aparece esa cuota de burguesía.

Pero quiero marcar algo muy importante: el barrio en el que crecí es el barrio del sindicato de maestros y el sindicato de periodistas, por lo tanto había muchos intelectuales. Lo que pasa es que los intelectuales y los maestros no ganan dinero. No sé cuánto gana un maestro de primaria en Argentina, pero aquí ganan un promedio de 250 dólares mensuales.

También quiero destacar que hay libros que son éxitos entre la burguesía en el que no hay personajes burgueses, te voy a decir uno: "Ciudad de Dios" en Brasil, por ejemplo. Paulo Lins es como el Charles Dickens brasileño con su libro, con el cual se hizo la película, en donde no está la burguesía.

No creo que uno escriba para que la burguesía se lea a sí misma. Uno escribe de los mundos que conoce: yo crecí en esta dicotomía.

- T:¿Existe en México esa mirada racista que aparece en tu novela?

-GA: Pude descubrir mucho de lo que es México siendo asesor de los aborígenes australianos. De hecho de ahí viene José Cuauhtémoc Huiztlic. Me inspiré en un aborigen australiano que tiene las facciones muy marcadas con ojos azules y pelo rubio. De ese hombre salió el personaje. Por otra parte tengo un amigo aborigen que se llama Warwick Thornton (director de cine australiano), quien mide 1.91 metros, es una mole gigante. Yo imaginé a mi personaje como Warwick, pero con las facciones del aborigen rubio de ojos celeste. Irresistible, pero mi personaje es un mexicano con las mismas contradicciones y el mismo racismo que sufren los aborígenes australianos.


(Télam)