cultura

Alexandra Kohan: La víctima es la nueva autoridad. En todo

Por Agencia Télam

18-10-2020 02:30

"Hoy está entronizada la figura de la víctima", advierte la psicoanalista y ensayista Alexandra Kohan, que en "Y sin embargo, el amor" aborda entre otras cuestiones los riesgos que afronta el sujeto cuando queda cristalizado en posiciones de sufrimiento y advierte al respecto que "permanecer en el dolor nos deja en un lugar infantilizado, pasivo y victimizado".

- Télam: Las víctimas de múltiples formas de abuso o acoso tienen hoy una centralidad en la escena en un rango que va desde la visibilización testimonial de algún modo de sometimiento hasta el escrache virtual a quienes lo perpetraron ¿Cuáles son los riesgos de este fenómeno?

-AK: Hoy está entronizada la figura de la víctima. Y contrariamente a pensar que estamos visibilizando, en realidad estamos silenciando porque alguien que está en el lugar de víctima queda coagulado ahí. Y casi que queda anulada su posición de sujeto. Es víctima, y como víctima es sacralizada. Y si es sacralizada, es intocable y no se puede mover de ahí. Después están los que se enojan con las víctimas porque no son lo que ellos creían que eran.

Y ahí viene otro aspecto: qué pasa con el testimonio de la víctima, qué grado de lectura se puede hacer desde esa posición y por qué, conjuntamente con conferirle el lugar de autoridad, se censura que pueda tomar la palabra alguien que no estuvo en ese lugar. La víctima es la nueva autoridad, en todo. "Vos que no pasaste por esto mismo que pasé yo no podés hablar". Hay todo el tiempo una competencia por establecer quién es más víctima, por conferirle autoridad y silenciar a todos aquellos que no fueron víctimas del mismo modo.

Se dice que el sistema judicial revictimiza. Sí, el sistema judicial revictimiza, pero no es el único que lo hace. Y eso sí es de esta época. Porque víctimas hubo en todas las épocas pero la idea de que la única autoridad es la de la víctima no sé si estuvo antes. Sobre la Shoá escribió un montón de gente que no estuvo en los campos de concentración, pero pareciera que ahora solo se puede hablar si pasaste por la experiencia, si lo viviste. El problema no es que haya víctimas y las reconozcamos, sino la autoridad que cobran automáticamente. Eso anula otras intervenciones.

- T: ¿El problema de esa épica es que fosiliza posiciones?

- A.K.: Efectivamente, hay toda una narración épica de la víctima. Y eso te impide a vos revisarte y te deja más sometido. Porque para mí la emancipación tiene que ver con revisarse uno y no con estar denunciando al otro todo el tiempo y quedarse en el lugar de la víctima. Hay una épica que impide. Esa es la pista de lectura. Lo que impide. No solo lo que no permite sino lo que impide. Porque no es solo que no funciona para evitarnos más daño sino que termina impidiendo otras cosas y nos deja más alienados al otro. Más sometidos, más alineados, más dominados. La épica es un callejón sin salida porque después tenés que obedecer a esa figura que vos construiste.

- T: Esta cuestión se entronca también con la idea de empatía que te genera algunas objeciones...

- A.K.: Es que no sólo no te podés poner en el lugar de la víctima sino que cuando intentás hacerlo estás sacando al otro de su lugar. Por eso la empatía tiene ese doble filo. Me refiero a los usos de la empatía como modo de decir "si no pensás como yo es porque no tenés empatía". Todo eso se puede poner en serie como nuevas palabras rimbombantes de la época. Las nuevas palabras de la enciclopedia del bien, del manual de cómo ser buena persona, obviamente a condición de que eso no me atraviese a mí. Porque el que no es empático siempre es el otro, el que hizo todo mal siempre es el otro. El que rompió la cuarentena es el otro, el antiderechos es el otroÂ… Todo es sacarse de encima cualquier tipo de situación que te provoque una vacilación de tu certeza.

(Télam)