cultura

Alejandro Zambra: Cambiarme de país acarreando la biblioteca era como no cambiarse de país

Por Agencia Télam

04-10-2020 04:00

Alejandro Zambra no se trasladó a México con la biblioteca que armó en Chile porque dice que eso "era como no cambiarse de país", entonces donó algunos libros a la universidad en la que daba clases y partió con algunos pocos ejemplares a Ciudad de México, donde fundó una nueva, con libros de su esposa, la escritora Jazmina Barrera, y los que lee con su hijo y define como "la parte más divertida de la biblioteca/casa/vida".

En esa casa en la que cuenta que escribió "Poeta chileno" en un cuartito llamado Chile, en estos meses de pandemia la poesía tuvo un lugar central y así aparecen Emmanuel Bove, Yanko González o Laura Wittner pero fue la literatura infantil en la que ocupó más tiempo y la que lo llevó a descubrir a Isol, Shel Silverstein y Arnold Lobel.

-T: ¿Cómo es hoy tu relación con la poesía? ¿Seguís escribiendo poesía? En relación a la lectura, en estos tiempos de encierro y complejidad para concentrarse muchos aseguran que se dedicaron a la poesía como lectura central.

-A.Z.: Nunca he dejado de escribir cosas que parecen poemas, pero no me he animado a publicar nada. Ni siquiera me resulta corregir esos textos, tiendo más bien a reescribirlos y a veces de ahí salen unos no-poemas. Pero supongo que en algún momento volveré a publicar poesía. Yo también he leído poesía estos meses. "Sed y sal" de Juan Santander, "Fiesta vacía" de Begoña Ugalde, "OIIII" de Héctor Hernández, "Una ballena es un país" de Isabel Zapata. A ver, qué mas. "Principia", de Elisa Díaz Castelo. Y antologías de Yanko González, de Rosabetty Muñoz y de Laura Wittner. Lo que más he leído en todo caso ha sido literatura infantil. Y novelas de Emmanuel Bove y de Jenny Offill. Ha sido tan larga esta porquería del virus que ahora parece que hubiera leído mucho, cuando tengo la sensación de haber leído muy poco.

-T: A lo largo de la novela asistimos a la formación de dos lectores: Gonzalo y Vicente. ¿Cómo dirías que se formó la tuya? Estás viviendo en México. ¿Cómo fue ese proceso de traslado de libros?

-A.Z.: No trasladé mi biblioteca. Lo pensé mucho, pero se me hacía ridículo cambiarme de país acarreando la biblioteca, era como no cambiarse de país. Finalmente lo que hice fue donar esos libros a la biblioteca de la universidad donde trabajaba. Igual me traje algunos, muy poquitos, casi pura literatura chilena. Al principio estaba muy contento con mi decisión, pero a veces, en realidad día por medio, amanezco arrepentido. Igual vivimos rodeados de libros, estoy casado con una escritora, Jazmina Barrera, que leyó en su lengua original muchos libros que yo leí traducidos, así que a veces tengo la sensación de que a mi biblioteca le quitaron los subtítulos.

-T: La actual sería una biblioteca en la que también aparecen las lecturas de tu hijo o tus lecturas dedicadas a tu hijo. ¿Cómo son esas lecturas? ¿Hay algún autor o autora que te apasiona especialmente y que descubriste al leerle a él?

-A.Z.: ¡Sí! Esa es lejos la parte más divertida de la biblioteca/casa/vida. Y la que usamos más. Me gusta de la literatura infantil que la autoría sea tan secundaria, casi inexistente. Soy un advenedizo, conozco muy poco, pero tengo autores favoritos, como Shel Silverstein o Arnold Lobel. Nos hemos pasado la pandemia memorizando los pigericks de Lobel en unas traducciones increíblemente bien hechas y divertidas de Miguel Azaola Rodríguez-Espino. Sí, "The Book of Pigericks" ha sido para nosotros el libro de la pandemia. Y "Petit, el monstruo" y "El globo" y varios libros de Isol, qué maravilla, sabiduría pura, me gusta mucho su trabajo. Y "Reflexiones de una ranita", de Kazuo Iwamura, librazo. Igual, como te digo, estoy recién empezando a alfabetizarme. Me han iluminado los hermosos ensayos sobre literatura infantil de Graciela Montes. "El corral de la infancia", "La frontera indómita". Disfruté un montón esas lecturas. (Télam)