cultura

2015-2019: una gestión signada por recortes de presupuesto y la pérdida de categoría ministerial

Por Agencia Télam

28-12-2019 10:45

La profundización de la crisis editorial que este año registró un descenso del 45 por ciento en la producción de libros respecto a 2016, y la reducción presupuestaria que disparó el recorte de iniciativas artísticas sellaron una deslucida política cultural que llevó adelante el gobierno de Mauricio Macri durante los cuatro años en los que Pablo Avelluto estuvo al frente primero del Ministerio y luego de la Secretaría de Cultura.

La desjerarquización que tuvo lugar en septiembre de 2018 cuando la cartera cultural fue degradada de Ministerio a Secretaría tuvo un impacto crucial en el diseño de la agenda y la disponibilidad de fondos para financiar programas culturales, algunos de los cuales fueron interrumpidos o cancelados, como la compra de libros que realizaba anualmente la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) para distribuir en las bibliotecas de todo el país.

El programa, que fue discontinuado a partir de 2015, dejó a la mayoría de las bibliotecas con su patrimonio prácticamente fosilizado, porque el presupuesto destinado a cada una de ellas fue destinado mayoritariamente al pago de servicios y sueldos.

La labor del organismo resultaba muy beneficiosa para todas las editoriales pero repercutía especialmente en los sellos más chicos, ya que a partir de las propuestas elevadas por los editores el Estado compraba una tirada de aproximadamente 1200 ejemplares por título.

Al margen de estos vaivenes en la política estatal, también en el sector privado el libro fue uno de los consumos culturales más castigados por la crisis económica: según datos del último relevamiento de la Cámara Argentina del Libro (CAL), la producción editorial cayó en 2019 un 45 por ciento respecto de 2016.

El panorama se completa con una caída del empleo en el rubro del 20 por ciento producto del cierre de librerías, el achicamiento de editoriales y una menor producción gráfica.

Para empezar a revertir los efectos de la recesión y reactivar la industria, editores y representantes del rubro editorial pujan por la sanción de la Ley del Instituto Nacional del Libro Argentino (LA), un proyecto que el pasado 13 de noviembre recibió dictamen favorable en la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados y que en caso de aprobarse le significaría al nuevo organismo la recepción del dos por ciento del presupuesto del área.

La iniciativa, ideada para implementar políticas públicas que fomenten la actividad editorial y todas aquellas actividades vinculadas a la producción y comercialización de libros -así como su acceso democrático, igualitario y federal- es una de las principales asignaturas vacantes de la gestión saliente.

Uno de los puntos donde sí logró avanzar la cartera cultural es en la instrumentación de la devolución del IVA a distintos actores de la industria editorial como imprentas, editoriales y distribuidoras, una medida que había sido incluida a principios de años en la Ley de Presupuesto 2019 pero que recién entró en vigencia hacia julio porque la AFIP demoró seis meses en instrumentarla.

La resolución permite que las empresas editoriales y gráficas pueden solicitar la devolución del IVA en los insumos como el papel, la impresión y la tinta, aunque sus beneficios todavía parecen relativos porque su implementación está condicionada por una interminable cadena burocrática.

El año que cierra se caracteriza a nivel cultural por una profundización del desfinanciamiento y el achicamiento de programas iniciada en 2017, entre ellos la red Puntos de Cultura, el concurso Vamos las Bandas, el Fondo Argentino de Desarrollo, los ciclos Becar Cultura y Lenguas Originarias y Ronda Cultural, el circuito gratuito por espacios culturales que se realizaba a través de minibuses y contaba con guías especializados.

El presupuesto asignado para 2019 fue de 4.923.722.299 pesos, una cifra que en términos nominales supera ligeramente los 4.480.607.310 que dispuso el área durante 2018, pero que por efecto de la inflación anual significó casi un 55 por ciento menos en valores reales.

Esta merma drástica implicó un recorte que en algunos casos trepó al cien por ciento, como en el caso de la partida asignada al fomento de Fiestas, Ferias, Festivales Nacionales o al Mantenimiento y Reparación de Museos y Otros edificios Históricos, que en realidad sufrió un recorte del 99 por ciento a lo largo de 2019.

Apenas por debajo de esas cifras se ubican la reducción del 67 por ciento a la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos, del 82 por ciento al Impulso a la Economía Creativa -cifra que involucra al MICA, MICSUR y Programa Festejar- y del 79 por ciento a la promoción y apoyo a orquestas Infantiles y Juveniles.

Los recortes presupuestarios tuvieron su correlato en las dificultades edilicias y problemas de infraestructura que presentaron muchos espacios culturales, además del incumplimiento de la promesa de ampliar el Museo Nacional de Bellas Artes.

Como contrapartida, la Secretaría a cargo de Avelluto logró modificar la Ley de libre circulación de obras de arte, una iniciativa largamente postergada que simplifica los trámites de exportación de obra y facilita la circulación de arte argentino por el mundo; también se fomentaron, en pos de mayor transparencia en las designaciones, los concursos públicos para ocupar los cargos de director en diversos museos nacionales.

Queda pendiente para la gestión que inicia el cineasta Tristán Bauer -designado al frente del recategorizado Ministerio de Cultura- la continuación de la puesta en valor del Palais de Glace, el centenario edificio emplazado en Recoleta que permanece cerrado al público desde fines del año pasado y está siendo sometido a una intensa refacción para la que se destinaron 161.000.000 pesos.

Las que están detenidas por el momento son las obras de remodelación del edificio de México 564, donde el ex director de la Biblioteca Nacional Alberto Manguel inauguró el Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges. (Télam)